
La sexualidad no empieza ni termina en la cama
Cuando hablamos de sexualidad, todavía es muy común que pensemos inmediatamente en sexo...y no lo digo porque sí, yo también lo pense durante mucho tiempo, hasta que me metí de lleno en el tema.
En lo que hacemos —o no hacemos— en la cama. En cuánto deseo tenemos, cuántas veces tenemos relaciones, si llegamos al orgasmo, si "funcionamos" como se supone que deberíamos funcionar...uuff me cansé. Cuanta presión nos ponemos!! O nos ponen?
Pero la sexualidad es bastante más grande que eso.
Tiene que ver con nuestro cuerpo, con la forma en que aprendimos a mirarlo y habitarlo. Con nuestra historia. Con los vínculos que construimos. Con lo que deseamos y también con lo que no deseamos. Con nuestras emociones, nuestras experiencias, nuestros miedos, nuestros permisos y todos esos mensajes que fuimos recibiendo acerca de cómo debería ser nuestra sexualidad.
Y quizás por eso hablar de sexualidad implica hablar de muchas otras cosas.
No nacemos con un manual
Alguna vez te cuestionaste de donde salen las famosas frases que repetimos incasablemente como:
"Debería tener más ganas."
"A mi edad esto ya no tendría que importarme."
"Si amo a mi pareja, tendría que desearla espontáneamente."
"Si necesito pedir lo que me gusta, pierde la gracia."
"El sexo debería salir naturalmente."
Y no.
Muchas de las cosas que creemos "naturales" acerca de la sexualidad son, en realidad, aprendizajes.
Por eso, muchas veces, el trabajo no consiste en aprender una técnica nueva, sino en empezar a preguntarnos qué aprendimos sobre nuestra sexualidad y cuánto de eso todavía nos representa.
El deseo tampoco funciona como un botón
Este probablemente sea uno de los temas sobre los que más me gusta hablar.
Porque alrededor del deseo hay una cantidad enorme de expectativas.
Esperamos tener ganas antes de empezar. Esperamos desear siempre de la misma manera. Esperamos que el deseo aparezca espontáneamente y, cuando no aparece, rápidamente pensamos que algo está mal.
Pero el deseo es sensible al contexto.
Al cansancio. Al estrés. A cómo estamos con nuestro cuerpo. A cómo estamos con la otra persona. A la rutina. A la salud. A la carga mental. A las emociones. A los cambios vitales.
Y entender esto puede cambiar muchísimo la pregunta.
En lugar de preguntarnos solamente:
"¿Por qué no tengo ganas?"
podemos empezar a preguntarnos:
"¿En qué condiciones aparecen mis ganas?"
Y miren que aún siendo sexóloga...me lo pregunto muchas veces a mi misma...no me salvo!
También somos un cuerpo
No solamente tenemos un cuerpo: vivimos a través de él.
Y nuestra relación con ese cuerpo también forma parte de nuestra sexualidad.
Un cuerpo que cambia con los años. Que atraviesa embarazos, enfermedades, tratamientos, menopausia, envejecimiento, cansancio, placer, dolor.
Un cuerpo que además miramos a través de una cultura que constantemente nos dice cómo debería verse.
Por eso hablar de sexualidad también es hablar de imagen corporal, autoestima, sensaciones, conexión y permiso para sentir placer.
No se trata necesariamente de amar cada centímetro de nuestro cuerpo todos los días.
Quizás podemos empezar por algo posible: escucharlo, respetarlo y dejar de vivir permanentemente peleados con él.
La sexualidad no tiene fecha de vencimiento
Y este punto para mí es fundamental.
Nuestra sexualidad no desaparece porque cumplimos determinada edad.
Cambia...se transforma...fluye...
Pueden cambiar el cuerpo, las formas de vincularnos, las respuestas sexuales, las prioridades y hasta aquello que entendemos por intimidad.
Pero placer, afectividad, deseo, contacto y erotismo no pertenecen exclusivamente a la juventud.
Pensar la sexualidad durante todo el ciclo vital también implica cuestionar una sociedad que muchas veces vuelve invisibles sexualmente a las personas mayores.
Entonces… ¿de qué vamos a hablar acá?
De todo esto.
De deseo y de falta de deseo.
De placer.
De vínculos.
De cuerpo.
De ansiedad y salud mental.
De sexualidad y envejecimiento.
De mitos que repetimos sin saber demasiado de dónde salieron.
De preguntas que muchas personas tienen pero que, por vergüenza, miedo o simplemente porque nunca encontraron dónde hacerlas, quedan sin responder.
No para decirte cómo deberías vivir tu sexualidad.
Todo lo contrario.
Para acercarte información que te permita conocerla, cuestionarla y tomar decisiones sobre ella con mayor libertad.
Porque quizás una sexualidad más saludable no sea aquella que cumple con determinada frecuencia, práctica o expectativa.
Quizás sea aquella en la que podemos preguntarnos, con un poco más de honestidad:
¿Qué quiero yo? ¿Qué me gusta? ¿Qué necesito? ¿Qué límites tengo? ¿Y cuánto de lo que hago responde realmente a mí?
De eso quiero que se trate este espacio.
De hablar de sexualidad con información, con respeto y, sobre todo, sin recetas universales.
Bienvenidas y bienvenidos.
Lic. Lizet Tabeira
Psicóloga · Sexóloga Clínica · Psicogerontóloga
